lunes, 20 de septiembre de 2010

La casa


El día está tibio, la casa abandonada, la madera opaca, con migas tiradas al azar.
La cama sigue desecha, el cobertor arrugado de forma sútil.
No existe movimiento.
La ventana abierta, el aire no se atreve a entrar.
Que triste es soñar con la señora D.
Más aún si a eso le agregamos la sombra del que ama sin preguntar.
Estática, mejor volar por ritmos tibios como el día.
Mejor salir a "nadar" en bicicleta.
No sé puede, la casa está vacía, vacía de alma, llena de muebles.
Las plantas se asfixian entre cloro y blancura.
Los insectos se limitan a caminar por el techo.
La tele sigue encendida como por inercia.
Se apagará en las próximas 48 horas.
Cuando corten la luz.
Cuando corten el agua.
La carne es indicio de violencia.
La violencia se guarda en el congelador.
Se sienten ecos de descomposición.
La ropa apilada en bolsas.
El entretecho abierto.
Las sábanas de broderie.
Los faldones de broderie.
Amarillentos, añejos.
El agua de la piscina se ha estancado.
Cae la noche y la ventana sigue abierta.
Incolora, los paisajes nunca se vieron igual.
El puerto nunca llegó a puerto.
Los clósets quedaron vacíos.
Hilachas color violáceo flotaron.
Restos de pegamento en las puertas.
Pedazos de fotos sonrientes.
El cuerpo voló y voló.

1 comentario:

  1. Me gusta que explores nuevas formas
    que seas capaz de mezclar la interioridad desde otra arista y seas más descriptiva de espacios, porque al fin y al cabo el espacio y el cuerpo y el alma son la misma cosa. Te amo bonita.

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